
Juan Ramón Jiménez, Si la poesía...
Si la poesía arraiga en el misterio; si la poesía es sobre todo revelación de lo inexpresable, emanación de una clara fuente que canta en la sombra, su instrumento revelador más adecuado es el misterio (...)
No es preciso atribuir al poeta aptitudes mágicas o cuasi mágicas; basta con advertir que su sensibilidad y la porosidad de su alma le hacen más receptivo a las comunicaciones del espacio interior, a las presencias de ese ultra mundo al que se siente convocado por oscuras llamadas.
La ventana prodigiosa
La ventana daba a un pequeño patio interior. Durante el día una luz apagada y dulzona lo invadía y por las noches la oscuridad extendía sus límites hasta el infinito. Las estrellas del cielo se veían cuadradas y la luna de paso un instante iluminaba la blanca ropa tendida de los vecinos. Algunas noches una ventana se abría transparente, dejando ver el cuarto de un chico, con mesa, cama y silla en un espacio en que apenas cabía nada más. Leía algunas veces sentado en la cama y otras se acostaba imitando a los dioses que viven en el cielo
(Leer más)Fernando de Herrera, Anotaciones a la poesía de Garcilaso
Mas pues el poeta tiene por fin decir compuestamente para admirar, y no intenta sino decir admirablemente, y ninguna cosa sino la muy excelente causa admiración, bien podremos enriquecer los conceptos amorosos en alguna manera de aquella maravilla que quieren los antiguos maestros de escribir bien que tenga la poesía; que si no es excelente, no la puede engendrar, y de ella procede la jocundidad. Verdad es que el número mueve y deleita y causa la admiración; peero nace el número de la frasis, porque sigue el número poético a la estructura del verso, y ésta consta de las dicciones.
(Leer más)Luis Fernández, Diario IV
aquella tarde fue gloriosa, por no decir que pudiera haber sido la última, dentro de un cúmulo de casualidades que lo habían llevado a cruzar la ciudad de parte a parte, sin saber realmente cuál era su destino, aunque sí tenía una vaga idea, como casi todas las suyas, de adónde le iban a llevar sus pasos, a un nuevo y sonoro fracaso, a un encuentro, no por menos deseado poco pensado y menos calculado, así, como un nuevo Ulises corrió por mitad de la calle, aquella pareja le pidió dinero, él respondió que no llevaba nada, pero entonces ocurrió,
(Leer más)Luis Fernández, Diario III
Y la vida sigue... Y el invierno se acerca y ya el atrevido frío está presente en nuestro tiempo. De noche, los árboles del parque, desnudos ya del verde, insisten en su condición de nocturnos espantapájaros o fantasmas que a mi paso saludan con gentil reverencia, no me asustan, ¡por qué habrían de hacerlo! En la noche, se aprecia lo diversidad de lo negro, de lo oscuro que hiere, y se parece al desamor. En lo profundo del parque el deseo asciende, se petrifica, se inmola, en aras del amor. Sólo el agua ríe en el silencio de la noche
(Leer más)Luis Fernández, Diario II
Parece que va a venir, pero se queda lejos, o menos cerca de lo que yo esperaba. Sentado en un banco en una orilla del jardín, observa el ir y venir de la gente. El parque (il parco, como él dice) aparece ahora ensombrecido. Jean se levanta, desaparece tras las escaleras. Me pregunto cómo será el invierno cuando no pueda verlo, entre los descarnados árboles y el intenso frío que obliga a quedarse fuera del jardín.
Luis Fernández, Otra vez, el otoño
El parque se está cubriendo de hojas amarillas con una lenta pero constante caída de los árboles. Yo entre los deshojados árboles te busco, miro en las sombras de los bancos por si te hallara pero ya han desaparecido. Creí verte un instante pero no eras tú o sí, aunque no me atreví a hablar por si acaso se rompía el hechizo de nuestro primer encuentro. Aunque ahora me arrepiento, creo que es lo mejor, volver a los instantes en que la mudez fue el compañero ideal, el nudo en la garganta, el cobarde rechazo de un encuentro que fervientemente
(Leer más)Luis Fernández, Diario I
Tienes toda la razón del mundo. Cuánto tiempo ha pasado. Aún recuerdo el momento de verte y luego aquel encuentro en el que me besaste. Pero también los años que han pasado y aún las imágenes se repiten con una insistencia que me ha llegado a preocupar. Pero ahora son muy dulces y solo queda un sabor algo agrio y un tanto así de culpa por haberte dejado marchar. El primer día sin ti fue, sin dudarlo, violento, virulento en la reacción. Ya casi no me acuerdo, pero el mundo fue como si se volara al compás de una chillona
(Leer más)Luis Fernández, El deseo
A veces el deseo se muestra apresurado, nervioso, vagabundo. Otras es la delicia que se deshace en besos y deja a los amantes como en un largo limbo de recuerdos, desvanecimientos. La mayoría de las veces el deseo encuentra su lugar en los cuerpos que sin saciarlo sufren largo tiempo, y entonces un amargo reproche, un agridulce escalofrío recorre venas y cerebro inundándolos de desesperación. El deseo se cumple, según los clásicos, en la vista del amado, y luego acapara otros órganos. El deseo se convierte algunas veces en violenta pasión o en amor desbocado pero esto es cosa diferente,
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hace 11 meses